Ni con seis Super Bowls se pudo, Belichick queda fuera del Salón de la Fama
Bill Belichick no fue elegido al Salón de la Fama en su primer año, pese a su dominio histórico y seis Super Bowls, en una decisión que sorprendió a la NFL
Hay cosas que la neta no se pueden negar, te pueden gustar o no, pero no las puedes negar y eso pasó en Canton, Ohio, donde se supone que vive la memoria sagrada del fútbol americano, ocurrió algo extraño.
Bill Belichick no entró al Salón de la Fama en su primer año de elegibilidad. Sí, Bill Belichick. El de la sudadera rota, el que se la pasaba viendo a todos como villano de película y el de las dinastías que arruinaron domingos ajenos durante dos décadas.
El arquitecto del imperio más dominante que ha visto la NFL se quedó a unos cuantos votos de recibir la llamada dorada desde Canton. No por falta de currículum, sino porque, al parecer, seis Super Bowls, tampoco son tantos, ya no impresionan como antes.

Belichick no construyó una buena racha ni aprovechó una generación dorada. Construyó un régimen. Controló la AFC durante años, convirtió enero en territorio patriota y transformó la postemporada en un trámite burocrático. Aun así, 40 de 50 votantes no levantaron la mano por él en la primera ronda. El motivo no fue deportivo; fue histórico… y polémico.
Y es que también, cuando se habla de Belichick, siempre aparecen los fantasmas. Spygate. Deflategate. Dos palabras que flotaron en la sala de deliberaciones como si fueran pruebas irrefutables, pese a que ninguna borró títulos ni devolvió trofeos. Para algunos votantes, al parecer, la sospecha pesa más que los anillos.
Y eso que los números no son discutibles. Más campeonatos que nadie como entrenador en jefe. Más viajes al Super Bowl que cualquier otro. Más victorias en playoffs que todos. Temporadas ganadoras encadenadas como si fueran cualquier cosa. Dominio divisional prolongado hasta el hartazgo. Casi medio siglo en la NFL sin desaparecer del mapa. El vato se pasó el juego una y otra vez, hizo lo que quiso con muchos equipos, pero no fue suficiente.

Belichick, fiel a su estilo seco y sin dramas, dejó escapar una frase que resume el absurdo del momento: si seis títulos no alcanzan, entonces la vara está puesta en un lugar que nadie más ha tocado. Y no fue el único que levantó la ceja. Jugadores, entrenadores y figuras actuales como Mahomes o Watt reaccionaron con incredulidad. Para muchos, la decisión no fue polémica: fue simplemente inexplicable.

El Salón de la Fama decidió esperar. Hacer tiempo. Mandar el mensaje de que incluso el más grande debe pasar por el purgatorio de la votación. Belichick, mientras tanto, sigue siendo lo que era antes del anuncio y lo que será después: el entrenador más influyente, dominante y temido de su era.
Canton podrá hacerse el interesante un año más. La historia, esa, ya tiene claro dónde colocar su busto. Sólo falta que el edificio lo acepte.








